Hoy las nubes no lloran sobre Madrid, hoy han decidido pintarla de blanco.
Para que quienes que pensaban que ya la conocían en todas sus formas y maneras, no pierdan la capacidad de sorprenderse.
Para recordarnos nuevamente que no podemos controlar todo, y que, de hecho, casi nada está en nuestra mano.
Para recordarnos que los “improbables” también existen.
Para obligarnos a empezar de cero, a limpiar las calles y a cerrar las puertas para poder abrirlas con fuerza.
Para hablarnos del silencio y de la escucha.
Para regalarnos el crujido de la nieve al pisarla con tus botas.
Para enseñarnos la blancura de la inocencia, de la armonía y de la paz.
Para recordarnos quienes nos acompañan en el camino cuando hiela y caminan con nosotros sobre la nieve virgen.
Porque en 2020 ocurrieron todas las cosas a las que comúnmente llamamos “caóticas”, y 2021 ha llegado para limpiarlo todo, y cubrirnos con una sábana blanca con olor a nuevos comienzos, para recordarnos que seguimos respirando, seguimos vivos porque sentimos el frío.
Fueron meses cargados de “inusuales”, “imposibles” e “improbables”. Fueron meses de desnudar a la humanidad, de reconocernos vulnerables; de perder el control y dejarnos abrazar por todo aquello para lo que antes no teníamos tiempo. Y así, y solo así dejarnos ser, no buscar, sino encontrarse con uno mismo. Vaciarse de todos los “por si acasos” que ocupaban espacio y que cargaban la mochila de artilugios innecesarios que solo nos frenaban en el camino.
Meses de encontrar a personas que deciden acompañarnos y a las que decidimos acompañar, y dejarnos la piel, porque nada merece la pena, merece la vida.
Entregando las entrañas en lo que haces, porque eso es serte fiel a ti.
Porque tras la euforia de las guerras de nieve, llegaste a casa sin poder mover las manos, congeladas por el frio y deseando volver a repetirlo. Mientras las lavabas con agua caliente, decidiste que ibas a agarrar tan fuerte a la vida, como aquella bola que hace un rato lanzaste al vacío.
Y volvimos a empezar.
Porque había muchas formas de hacernos parar, pero esta era la forma más dulce y bonita de decirnos que la vida va en serio, y que ha venido para quedarse.
MLC


Preciosa reflexión. Pura como la fria nieve, cálida como tu ser.
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Bellísimo, María… Lleno de la luz mágica y limpia de la noche nevada.
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